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11.3.07

El argentino Osvaldo Golijov alcanza la celebridad en la música de vanguardia en EE UU

Osvaldo Golijov


De Mozart a Manu Chao
"Yo no creo en la historia de la música sino en la geografía de la música" O.G.


RAQUEL GARZÓN - Buenos Aires - 10/03/2007

"¿Cómo se escucharía esta música bajo las estrellas?", recuerda haberse preguntado el argentino Osvaldo Golijov (La Plata, 1960), para algunos "el secreto mejor guardado de la música contemporánea", mientras componía el año pasado un concierto para el chelista de origen chino Yo-Yo Ma. "La idea era estrenarla en Tánger y sentí que la experiencia de tomar contacto con ella al aire libre, compitiendo con la noche, debía de ser esencialmente distinta a la de escucharla mirando al techo, pues traía a la mente la noción de eternidad".
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¿Qué hizo, entonces? "Traté de reproducir un silencio espiritual colectivo. Redistribuí la orquesta como una gran antena que toma, transforma y remite las pulsaciones y vibraciones del chelo solista. Un grupo de metales y percusión, que yo bauticé radio galáctica, envía mensajes. Es una obra de riesgo que explora el silencio vibrante", contesta entusiasmado al teléfono desde su estudio en las afueras de Boston, donde vive con su familia.

"Cuando empecé a componer, mi música era rara. Hoy refleja la experiencia de millones de personas"
"Coppola siempre me alentaba a ser más ambiguo. 'Ponle una melodía algo más extraña', me decía"

Reconocido como compositor del año por el Musical American International Directory of Performing Arts, Golijov alcanzó en 2006 máxima repercusión internacional cuando el Lincoln Center de Nueva York programó La pasión de Osvaldo Golijov, un ciclo dedicado a su obra. Acaba de recibir dos premios Grammy por Ainadamar, su primera ópera, inspirada en su amor por Lorca. Y en su variada obra también caben bandas sonoras cinematográficas como la de la aún no estrenada Youth without Youth, de Francis Ford Coppola.

Hijo de una pianista y un médico, criado en la provincia de Buenos Aires en un hogar judío con raíces en Europa Oriental, Golijov emigró a finales de los setenta en tiempos de la dictadura militar. Después de tres años de residencia en Israel, se trasladó a Estados Unidos.
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Su obra es un deslumbrante y apasionado tapiz multicultural. Ecléctico radical, en la música de Golijov brillan ecos de viajes milenarios, lecciones del bandoneón de Astor Piazzolla ("en él están Bach y Stravinski, pero también el modo en que la gente camina, grita, hace chistes, seduce, sufre... Con Piazzolla yo entendí que la música es una destilación de la vida"), un largo amor por Mahler, el canto gregoriano, melodías de la liturgia judía y sones latinoamericanos como la rumba, la guajira y la capoeira brasileña.
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"Cuando empecé a componer hace 15 o 20 años, mi música era rara. Hoy, en cambio, refleja la experiencia de millones de personas", afirma. "La gente migra y se lleva su música consigo. Buscar un folclore puro como anhelaba Bartok en 1920 ya no tiene sentido". "Yo no creo en la historia de la música, sino en la geografía de la música", sostiene Golijov, globalizado confeso. "Mozart es un continente riquísimo con variedad de vida, fauna, flora, costumbres; Bach, también, Messiaen es la Isla de Pascua...
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Algunos géneros populares son continentes, como la música popular brasileña; otros, ciudades: el tango; otros, como el fado, un barrio nocturno. Los grandes géneros se han vuelto universales, antropológicos: el flamenco es la investigación que el género humano realizó sobre la desolación, el dolor más espeluznante. El tango investigó la provocación sexual mejor que ningún compositor".

El argentino sorteó con honores en el año 2000 el encargo de la Academia de Stuttgart para conmemorar el 250 aniversario de la muerte de Bach. La Pasión según San Marcos, fue calificado como "el suceso más resonante" entre las cuatro partituras elegidas: en ella, el vía crucis se traslada a una plaza latinoamericana y caben desde músicas indígenas hasta el tango. "Francis Ford Coppola escuchó La Pasión... y me escribió. Casi me muero de emoción", admite.
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"En Juventud sin juventud uno de los temas es una lamentación por una vida larga tras la cual uno se pregunta: '¿Pero qué habría pasado si...?'. Esa mezcla de melancolía y deseo de haber hecho las cosas de otro modo se representan en la música. Coppola siempre me alentaba a ser más raro, más ambiguo. 'Ponle una melodía algo más extraña', me decía".

¿Es o no el "niño mimado de la crítica estadounidense" como se escucha estos días? Golijov ríe y contesta: "Aquí me tratan bien, pero en Londres no piensan lo mismo". "Reflejo lo que me conmueve. Me emocionan Mozart y Bach, pero también Manu Chao, que transmite la alegría de estar vivo y es adolescente en el mejor sentido: una música hormonal, que destila sentimientos luminosos y livianos. Me gustaría que mi música pudiera generar algo de eso".

Ni clásico ni popular
¿Cómo suena la música de Osvaldo Golijov? Para Gabriel Senanes, director de orquesta argentino, compositor y ex director del teatro Colón, "es clásica y popular, o quizá, ni clásica ni popular, como ha dicho Gustavo Santaolalla", con quien Golijov comparte una productiva amistad creativa.

Senanes agrega: "Buena parte de su valor estético reside precisamente en una ética de la convivencia. En su música conviven muchas músicas y músicos que vienen de caminos diferentes y paralelos. Así es como el mero dato de ser el autor judío de La Pasión según San Marcos entreteje dos tradiciones monoteístas de oscilante relación, estableciendo una lógica que se prolonga en la inclusión de instrumental e instrumentistas de procedencia variada. Golijov vierte ideas y sustancias sonoras que abarcan Europa, Oriente Próximo y Latinoamérica".

Además de La Pasión..., un homenaje a Bach en clave americana, son especialmente recomendables sus dos últimos trabajos, empapados en España y su cultura, un país que Golijov visita regularmente -tiene una hermana viviendo en Reus- pero en el que no ha tocado ni dirigido nunca. Ainadamar, ópera en un acto inspirada en la figura de Federico García Lorca, y Ayre, 11 canciones interpretadas por la soprano Dawn Upshaw, en las cuales el músico une a sus influencias del Este europeo, ecos del Mediterráneo y sonidos digitalizados (para Golijov la laptop es un instrumento del folclor del siglo XXI) y explora las fronteras entre la música judía, cristiana y musulmana y su convivencia en España, antes de la expulsión de judíos y árabes. Golijov ha realizado además numerosas composiciones y arreglos para los prestigiosos cuartetos de cuerdas St. Mark's y Kronos.
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Osvaldo Golijov, nacido en La Plata en 1960, estudió piano en el Conservatorio de su ciudad y composición con Gerardo Gandini. En 1983 se trasladó a Israel para estudiar con Mark Kopytman en la Academia Rubin de Jerusalem, donde aprende las tradiciones musicales del lugar. Luego en 1986 llegó a Estados Unidos donde se graduó en la Universidad de Pensilvania, estudiando con George Crum y Oliver Knussen.

A principios de los noventa, Golijov comienzó a trabajar estrechamente con dos cuartetos de cuerdas, el St. Lawrence y el Kronos. Con el primero fue nominado por el disco Yiddishbbuk editado por EMI en el año 2002. Colaboró luego con artistas como la banda gitana rumana Taraf de Haidouks, el grupo de rock mexicano Café Tacaba y el guitarrista y productor argentino Gustavo Santaolalla. A fines de los noventas, se inspiró en la voz de la soprano Dawn Upshaw para escribir Three songs for soprano and orchestra, la ópera Ainadamar, el ciclo Ayre y arreglos de canciones populares.
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Ha recibido una gran cantidad de encargos de ensambles.
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